Por Héctor Ricardo Olivera
El País está viviendo su época de festivales que nuclean a sus mejores artistas, a las jóvenes promesas y a nutridas concurrencias de gente ávida de descanso, buena música y buena mesa.
Todos los géneros musicales tienen su lugar para los amantes de zambas, tangos y rock.
Lástima que junto a estos festivales estamos asistiendo a otro, de dudoso gusto y peligrosas consecuencias.

